por YawP, sobre
Publicado el 2/4/2008 - 0 comentarios
De cómo le ha sentado a Burnout el paso a “mundo abierto”. Take me down to Paradise City, where the grass is green and the girls are pretty.
Hablemos de Burnout.
Hablemos de la serie cumbre entre los arcades de coches. Estas cosas hay que dejarlas claras desde el principio, que luego perdemos perspectiva: de coches y no de conducción. Para conducir con sabor arcade ya están OutRun 2 o Project Gotham Racing: cuida la trazada, acelera cuando toca, frena lo mínimo…
Aquí estamos hablando de un género totalmente distinto: esto es una película de acción de principo de los noventa, donde músculo y chulería son las armas principales y todos los coches explotan tras un golpe. Black es un spin-off de Burnout porque en esencia tratan sobre algo que avanza arrollándolo todo creando orgías de explosiones concatenadas.
Más comedido en las dos primeras entregas y decidídamente desbocado desde entonces (obviando Dominator como se merece), no faltó quien vio en el giro de la saga hacia los golpes, y la conducción menos sutil si cabe, la primera concesión de Criterion a sus recién estrenados dueños Electronic Arts.
Miren, concesiones son la banda sonora al más puro estilo Fifa y el maldito comentarista de la ficticia radio. Burnout 2: Point of Impact fué la cúspide del “arriesgo, luego corro más”, y llegado el momento la recompensa empezó a resultar insuficiente. Demasiados kilometros en dirección contraria, demasiados metros saltados sólo para obtener turbo y ganar. ¿Alguien se imagina una Jungla de Cristal donde Bruce Willis simplemente escapa? Lo bueno (lo necesario en este contexto) es acabar con todo y salir por la puerta principal. Visto desde esta perspectiva, el cambio hacia la eliminación de contrincantes y la destrucción no es que fuera necesario, es que era la única vía natural de hacer evolucionar a la serie.
La trazada apenas importa, se acelera siempre, no se frena… Burnout 3 Takedown es casi un juego sobre railes. ¿Dónde reside su atractivo? En cómo aprietas el mando y los dientes al embestir a un rival. En el frenético pero hipnótico ritmo al que acometes takedowns con la tripe satisfacción de retrasar a un rival, conseguir turbo y añadir tiempo a tu contador. Todo repetido 10 o 20 veces por carrera y mostrado en Technicolor cómo no se había hecho hasta la fecha. Una vida que proporcione satisfacciones a ese ritmo sí que merece la pena.
Y ahora, hablemos de Burnout Paradise.
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